Prólogo de la edición de 1927 de "Los alimentos terrestres" (1897), de André Gide

Retrato de André Gide en 1954

Retrato de André Gide, 1954

Julio de 1926. Es usual que se me encierre en este manual de evasión, de liberación. Aprovecho esta nueva salida para presentar a nuevos lectores algunas reflexiones que permitirán reducir la importancia del libro al situarlo y motivarlo de una manera más precisa.

. Los alimentos terrestres son el libro, si no de un enfermo, por lo menos de un convalenciente, de un curado, de alguien que estuvo enfermo. Hay, en su propio lirismo, el exceso de quien abraza la vida como algo que estuvo a punto de perder.

. Escribí este libro en un momento en que la literatura olía furiosamente a artificio y encierro, cuando me parecía urgente hacerla tocar tierra de nuevo y colocar sencillamente en el suelo un pie desnudo. Hasta qué punto este libro contrariaba el gusto de la época es lo que hizo ver su fracaso total. Ningún crítico habló de él. En diez años se vendieron exactamente quinientos ejemplares.

. Escribí este libro en el momento en que acababa de asentar mi vida mediante el casamiento; cuando enajenaba voluntariamente una libertad que mi libro, obra de arte, reclamaba tanto más al mismo tiempo. Y cuando lo escribí, yo era, no es necesario decirlo, completamente sincero; pero igualmente sincero en el mentís de mi corazón.

. Añado que pretendía no quedarme en este libro. Señalaba las caracteristicas del estado flotante y disponible que pinta, como señala un novelista las de un personaje que se le parece, pero que inventa; y hasta me parece ahora que no señalé esas característicassin, por decirlo así, o, si se prefiere, sin desprenderme de ellas.

. Se me juzga corrientemente por este libro de juventud, como si la ética de Los alimentos terrestres hubiese sido la de toda mi vida, como si, yo el primero, no hubiese seguido el consejo que doy a mi joven lector: ‘Arroja mi libro y abandóname‘. Sí, yo abandoné al instante al ser que era cuando escribí Los alimentos terrestres; hasta el punto de que si examino mi vida, el rasgo dominante que observo en ella, lejos de ser la inconstancia, es, por lo contrario, la fidelidad. Creo que es infinitamente rara esa fidelidad profunda del corazón y del pensamiento. Pido que se me nombre a quienes antes de morir pueden ver realizado lo que se habían propuesto realizar y ocupo mi lugar junto a ellos.

. Una palabra más: Algunas personas no saben ver en este libro, o no quieren ver en él, sino una glorificación del deseo y de los instintos. Me parece que son un poco cortos de vista. Yo, cuando lo vuelvo a abrir, lo que veo en él es más bien uan apología de la privación. Eso es lo que he retenido de él, abandonando el resto, y a eso es precisamente a lo que sigo siendo fiel. Y es a eso a lo que, como referiré a continuación, he debido unir más tarde la doctrina del Evangelio, para encontrar en el olvido de mi mismo la realización más pefecta de mí mismo, la más alta exigencia y el más ilimitado permiso de dicha.

Que mi libro te enseñe a interesarte por tí más que por él mismo, y luego por todo lo demás más que por tí‘ He aquí lo que podías leer ya en la introducción y en las últimas frases de Los alimentos terrestres. ¿Porqué obligarme a repetirlo?.’

André Gide.

Los alimentos terrestre y los nuevos alimentos / André Gide ; traducción de Luis Echávarri ; [dibujo de la cubierta de Silvio Baldessari].– 2ª ed.– Buenos Aires : Losada, 1962 (Buenos Aires : Macagno).– 150 p. ; 20 cm.– serie: Novelistas de nuestra época.– contiene: Los alimentos terrestres (1897); prólogo de la edición de 1927; Los nuevos alimentos (1935) | localizado en biblioteca.etsit en la signatura del fondo histórico R 0781.

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