[introducción] El arte en la era de los medios de comunicación / Montserrat Galí

Collage / Joan Rabascall (Barcelona, 1935-)

Collage / Joan Rabascall (Barcelona, 1935-)

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Seguramente lo que la civilización industrial provocará será el traslado de la riqueza y la variedad interhumana a otro nivel, más alto en cierto sentido

Witold Kula

Solemos discutir esta frase de Witold Kula, historiador polaco, con mis alumnos. Algunos son estudiantes de comunicación; otros de ingeniería de sistemas; los más, de historia del arte. Se trata de estudiantes de alto nivel económico en una universidad del llamado Tercer Mundo, muchos de los cuales desempeñarán su profesión en el ámbito de los medios. Por regla general todos están de acuerdo en que, a pesar de algunos aspectos negativos de la sociedad moderna, la humanidad mejora; en cuanto a los medios modernos, masivos, de comunicación e información, aunque deploran la mala calidad de algunos programas, opinan que se trata de inventos altamente positivos para el hombre. Lo que más destaca en sus comentarios es la total conformidad con la existencia de todos estos aparatos que para nosotros, hombres y mujeres educados y crecidos en los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, significaron un vuelvo en nuestros hábitos, en nuestras formas de relacionarnos y comunicarnos; más todavía, una transformación en nuestra forma de ver el mundo. Algunas de sus observaciones motivaron El arte en la era de los medios de comunicación (1988), localizado en biblioteca.etsit en la signatura 316.77 GAL ART, sobre todo aquellas relativas al arte y los mass media.

Es importante observar que Witold Kula inicia su frase con el término seguramente, porque es evidente que la bondad -o perversidad- de la tecnología de la época industrial dependerá siempre del uso que de ella se haga. En nuestro caso, del buen o mal uso que hagamos de los medios masivos. Pero lo más destacado es la suposición de que este otro nivel, al que en cierta manera ya hemos llegado, será más alto. Podríamos pensar que Witold Kula es un integrado ingenuo. Pero en otro de sus trabajos, éste sobre la conciencia histórica, al considerar la crisis cultural provocada por la revolución industrial señala que el síntoma más agudo de esta crisis es la sensación de desamparo. Y añade: ‘arriesgaremos la tesis, en apariencia paradójica, de que dicho fenómeno es el producto secundario de un proceso acelerado en el último medio siglo, que provoca la disminución del globo terrestre con el establecimiento de un sinnúmero de hilos de múltiple dependencia entre las diferentes partes del mundo… Para quienes fuimos testigos de este trayecto, saltan a la vista las dificultades y peligros que acechan, los llamados efectos secundarios y el dolor que todo ello encierra‘.

Las siguientes afirmaciones me parecen doblemente significativas porque proceden de un historiador: ‘Las causas que propicieron esta situación podemos encontrarlas, naturalmente, tanto en la esfera institucional como en la de los fenómenos de la conciencia… Por otro lado, está la ya mencionada ampliación de la conciencia social, ininterrumpida durante siglos, que se desarrolla generalmente con un cierto retraso en relación con la ampliación real de las escalas de las dependencias sociales‘.

Contrasta esta última frase con la opinión, casi unánime, de que la masa que consume los medios se caracteriza por una actitud pasiva que contribuye a aumentar la alienación que ya de por sí conllevan las relaciones capitalistas de trabajo y las formas de vida moderna. Resulta estimulante que un crítico agudo de los fenómenos sociales actuales piensa que continúa la ampliación de la conciencia social, con todo el desfase con la ampliación de las ‘escalas de las dependencias sociales‘.

He aquí un texto apocalíptico -Umberto Eco nos perdone-. Lo hemos tomado de Lucien Goldmann, quien describe la actitud de una de las corrientes más importantes del marxismo : ‘El progreso considerable de las fuerzas productivas y, con ellas, de la ciencia y la técnica, sólo se realiza al precio de un enorme encogimiento del campo de la conciencia, sobre todo en lo que concierne a las posibilidades del hombre y la naturaleza de sus relaciones con los semejantes’. El comentario de Lucien Goldmann a este texto nos parece pertienente al señalar que, a pesar de que la crítica es rigurosa, tanto en el siglo XIX como el actual se caracterizan por una considerable riqueza cultural, aun cuando el mayor esfuerzo se puso al servicio de los avances científicos y técnicos. En cuanto a la ampliación de la conciencia social podríamos preguntarnos de dónde surgen, desde la memorable fecha de la Revolución francesa, la serie de movimientos de independencia, liberación y la larga cadena de revoluciones que han sacudido nuestro planeta.

Sentimos que desde el momento que se quiere generalizar, y la primera y más peligrosa generalización es la de masa, se cae inevitablemente en uno de los dos bandos: o apocalípticos o integrados.

Sea cual sea el bando en que nos sintamos más alineados, reconoceremos la sensación de desamparo que  Witold Kula observa en el habitante de este planeta empequeñecido, de la que suele derivarse una actitud fatalista absolutamente contraria a la que se esperaba del habitante de la aldea global. Tal parece que la integración electrónica haya sumido al hombre en el aislamiento y la impotencia, mientras que en el campo del arte, cuando esperábamos la plena realización del Museo Imaginario, se respire un clima de confusión y aparente esterilidad.

Nuestra primera reacción ante este panorama apocalíptico -en el sentido más bíblico de la palabra- es de rechazo. Pero no deseamos un rechazo visceral, espontáneo, sino que nos proponemos, con la mayor parsimonia posible, responder a estas preguntas:

¿Sirven los medios masivos para acercar a un mayor número de personas al disfrute y conocimiento del arte?

¿Crean los medios masivos otro tipo de relación, inédita pero legítima, con el arte?

¿Están contribuyendo los medios masivos a crear otro tipo de arte? En caso afirmativo, ¿qué características, grosso modo, tendría este nuevo arte?

¿Podrían los nuevos lenguajes artísticos creados por los medios masivos resolver, o contribuir a resolver, la crisis en la que se encuentra el arte actual?

No pretendemos añadir nada nuevo respecto a las características y problemas que presentan los medios masivos, en especial el cine y la televisión. Mas bien partimos de las reflexiones y críticas de autores como Umberto Eco y Gillo Dorfles, quienes los han analizado con mayores conocimientos y sensibilidad. Trataremos sólo de llevar algunas de sus ideas hacia los campos que en particular nos interesan: el arte del siglo XIX, el arte popular y la teoría en torno a las crisis artísticas. Reconozco, y agradezco, las influencias de muchos otros autores, además de los mencionados, entre los que destacan Frederick Antal, John Berger, Jan Mukarovski, Claude Lévi-Strauss -y la etnología en general-, Antonio Gramsci, y por supuesto la de mis maestros, Vera Horvat-Pitaric y Nikos Hadjinicolaou. Las páginas de El arte en la era de los medios de comunicación (1988), localizado en biblioteca.etsit en la signatura 316.77 GAL ART, son en cierta manera un diálogo con todos ellos, en el convencimiento de que en el arte está una de las vías de realización humana.

Montserrat Galí

Más información localizable en biblioteca.etsit puede consultarse en Marshall McLuhan, místico de la aldea electrónica, en biblioteca.etsit y en [prólogo] Un mundo sin copyright : artes y medios en la globalización / Joost Smiers.

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